El alma y la voluntad

tension La Voluntad Real es el principio evolutivo registrado en el núcleo del alma. Este principio es la energía propulsora que permitió al alma descender a la materia densa, lo que abrió la puerta a la maduración del ego humano a través de la experiencia de la forma. Así, sin la voluntad del alma, no habría habido una posible evolución de la conciencia.

Algún día se sabrá que el surgimiento del nuevo ser en la Tierra habrá requerido la fusión de varios principios, ya que este último, al estar lejos del Universo Central y del Espíritu, tenía muy poca luz para vivir un destino evolutivo dentro de su ego. Los principios de la Voluntad, la Inteligencia y el Amor se hicieron gradualmente accesibles a los seres humanos para que pudieran entrar en su ser universal. Entonces se vuelve capaz de viajar en los circuitos que caracterizan su génesis y destino.

Un día, el ego ya no podrá dejar su destino evolutivo que lo vincula a la vida, porque habrá arrancado el núcleo de la Voluntad del alma. Esto significa que habrá aprendido a usar el flujo de memoria del alma para crecer en conciencia hasta que integre la Fuente de su realidad dentro de sí misma. En ese momento, ya no cristalizará su conciencia en formas falsas, sino que vivirá en la fluidez de la vida, en su emoción libre y en su sentimiento interior.

La programación del alma mantendrá al ego prisionero dentro de su propia ignorancia mientras reaccione psicológicamente a lo que no entiende de la vida. El ser humano debe aprender a utilizar las emanaciones de la memoria del alma para finalmente superarlas y entrar en la realidad de su persona, en lugar de permanecer en el status quo de su vida psicológica e involutiva. Debe dejar de buscar un culpable cuando la vida no va como él quiere, y empezar a buscar para entender por qué está viviendo lo que está viviendo. Debe comenzar a hablarle a su Espíritu...

Si no es capaz de contener la energía de la realidad morontial de su Espíritu, el ego no tiene más remedio que someterse psicológicamente a la energía de las formas del alma y doblegarse a una Voluntad que no tiene. Es aquí donde la vida involutiva mantiene su status quo y la conciencia del ego se mantiene en cuarentena. En este contexto, la programación del alma es manifiestamente mayor que la realidad que caracteriza a este individuo.

Por último, es evidente que el ego debe llegar a un punto crítico de disgusto y sufrimiento antes de poder utilizar los acontecimientos en su beneficio, es decir, pasar por ellos dejando de alimentar a las entidades que tratan de aprovecharse de su incapacidad para conocerse a sí mismo. Este punto crucial es importante, porque es en este punto donde el ego aprende a mirar más allá del valor polarizado que atribuye a las formas, para aprender a tener una visión más inteligente o más equilibrada de la vida. Una mirada que ya no está oscurecida por fuerzas o entidades descendentes, sino que es consciente de su relación con la vida.

La ira del ego hacia cualquier fuerza involutiva que intente devolverle a una vida de títeres, lejos de la claridad del Espíritu, le permite mantener el control de su propia conciencia. La Voluntad que el ego arrancará más y más del alma le permitirá no vivir más una vida psicológicamente inestable; tendrá la energía necesaria para propulsarse cada vez más dentro de su centralidad de vida. Nada podrá sacarlo de la realidad de su conciencia. Así podrá denunciar todo lo que trate de dividirlo en su psique, es decir, todo lo que trate de interferir en su unidad multidimensional de vida.

En resumen, una Voluntad perfectamente integrada permitirá al ego denunciar a todos los que interfieren en y hacia su conciencia. Entonces podrá decir que ha conquistado su vida y las leyes de la vida.

— Sandra Vimont, 2012