Invertir la relación entre el ego y la forma

tension El alma es un fondo de memoria en constante transformación, en evolución. El movimiento direccional del alma está dado por su núcleo, es decir, según el principio de la Voluntad que está sentado allí. El alma incluye la definición precisa de una programación atribuida al ego para hacerla madurar. Esta programación, que representa el camino de la vida del alma en la conciencia del ego, debe servirle para integrar la realidad de lo que es. El individuo que vive prisionero dentro de su programación animada es el que se somete a esta última psicológicamente, sin beneficiarse de ella de ninguna manera real. A veces oímos que es víctima de un vientre malvado, pero en realidad, vive en su propia prisión que ha construido para sí mismo, ya que es incapaz de soportar la realidad de su propia luz. En otras palabras, es incapaz de vibrar a la realidad dentro de él, por lo que sus energías se desvían y construyen el falso palacio en el que vive.

El ego puede comenzar a invertir su relación con la forma cuando alcanza un punto de no retorno, es decir, cuando se da cuenta de que sus pensamientos le están informando mal sobre lo que está experimentando. Entonces se da cuenta de que lo que está experimentando nunca es el problema. La forma nunca es el problema. El problema es su relación con la forma. Entonces se da cuenta de que siempre ha reaccionado psicológicamente a la forma, en lugar de entender sus premisas - por qué está experimentando lo que está experimentando. Es entonces cuando puede comenzar a denunciar todos los pensamientos que lo engañan y le crean tensiones. Al hacerlo, aprende a distinguir lo que es real y lo que no lo es en su psique. Entonces gradualmente logra arrancar el principio de la Inteligencia de su mente para que se convierta en parte de él. El ego entra así en una relación de fuerza con su mente; utiliza el fuego de su mente para denunciar el juego que su espíritu le impone... para poder finalmente fusionarse con él. Es esta descarga de fuego lo que le permite ser siempre más grande y más libre en conciencia ante la vida. Podemos entonces hablar de la fusión del ego con el espíritu.

Finalmente, un día, los recuerdos del alma ya no servirán para alimentar la mentira en el ego, sino que servirán para impulsarla cada vez más en la integración de sus energías prepersonales, es decir, en la realidad de su ser morontial. Estos recuerdos ya no le dictarán cómo vivir su vida, ya que habrá invertido su relación con ellos: los utilizará para crecer en conciencia en lugar de estar sujeto a su coloración subjetiva. Esta es la base del nuevo ser, ya que no tendrá que sufrir psicológicamente la presión de las fuerzas descendentes sobre su psique. Su conciencia se convertirá entonces en inmortal o eterna.

— Sandra Vimont, 2013