El individuo ante las elecciones presidenciales americanas

statue de la liberté El sufrimiento reprimido de una importante masa de americanos les ha llevado a votar por un candidato que llevará a su país a una fase de individualización egoísta o narcisista, es decir, a una fase de definición del carácter en la que la realidad del otro no se tiene realmente en cuenta.

Naturalmente, todo sufrimiento lleva al individuo a querer proyectarse en nuevas formas para poder vivir con mayor bienestar y libertad. Dicho esto, esta libertad que se busca debe ser siempre inteligente y tener en cuenta al otro para no crear desequilibrios. Si es necesario, la fuerza de propulsión y expansión, así como la ira que la alimenta, se ve coloreada por el ego que, en última instancia, genera diferentes formas de conflicto y confrontación. El ego no puede apropiarse de una fuerza tan grande como la de la libertad y creer que es correcto pensar lo que piensa. Es necesario que tenga la apertura y la transparencia para mirar lo que sucede en la otra persona, en lugar de ser obstinado e imponer sus creencias y estructuras.

Una relación igualitaria con los demás es esencial para que no haya dominación, o realidad que se imponga a otra conciencia. Cuando el razonamiento egoísta o subjetivo de un individuo conduce a la dominación, el desequilibrio que se crea crea crea tensión interna o sufrimiento en el ego que se somete a ella. Este último debe entonces utilizar esta tensión como una palanca para ampliar su visión de la vida y definirse en relación con lo que no se sostiene. Su objetividad de conciencia es lo que le permite establecer su identidad teniendo en cuenta su sensibilidad, al tiempo que comprende dónde se encuentra el otro. Entonces puede vivir y actuar de acuerdo a una percepción más amplia de lo que está sucediendo.

La ira que nace en el ego como resultado de las tensiones que ha experimentado debe siempre llevarlo hacia una definición de identidad que se exprese de tal manera que denuncie todo lo que pueda desinformar una conciencia, y no se dirija contra un individuo o una sociedad. Además, cada persona tiene interés en aprender a hacer este ejercicio dentro de su propia conciencia para cambiar su realidad desde dentro. De esta manera, la ira se convierte en una fuerza que permite al ego tomar conciencia de su verdadera identidad: utiliza esta ira para quemar en su cabeza cualquier forma de mentira que lo desinformara y le impidiera conocerse a sí mismo y estar bien, en lugar de dejar que esta energía se convierta en un odio destructivo contra sí mismo o contra el otro.

Claramente, si cada uno cuidara de su propia conciencia en lugar de culpar al mundo exterior por sus males, los acontecimientos serían muy diferentes en el planeta hoy en día. Esto nos recuerda que el individuo contiene una verdadera fuerza de cambio, y esta fuerza siempre debe venir de adentro, no de afuera.

Finalmente, todos los eventos de oposición por los que pasa el individuo deben servir para su evolución de la conciencia. De esta manera, se liberará de cualquier forma de subjetividad que lo lleve a caminar de la mano de las fuerzas descendentes o egoístas en su interior. Sólo cuando se libere de esta subjetividad en su interior, se producirá un verdadero cambio en su conciencia y en el mundo. En ese momento, su libertad de conciencia será el sello de su creciente identidad con el otro.

— Sandra Vimont, 9 Noviembre 2016