La dificultad de las fuerzas prepersonales para integrar el ego humano

forces prépersonnelles El ego humano sufre continuamente de acontecimientos que no comprende y que sirven para descrifrar las formas que perturban su campo áurico y su entorno. Debe darse cuenta de que las fuerzas prepersonales* trabajan incansablemente para mantener un equilibrio entre su vida planetaria y su capacidad para crecer en conciencia. Estas fuerzas crean movimientos de energía y modifican las formas de los eventos para abrir el ego a su realidad multidimensional. Por lo tanto, deben permitirle aumentar su capacidad de integrar su luz en sus diversos cuerpos, sin imponerle una sobrecarga que pueda provocar un cortocircuito en el funcionamiento de su sistema nervioso. Las fuerzas prepersonales tienen el objetivo final de habitar el ego humano que vive en la densidad de la materia.

Las fuerzas prepersonales tienen dificultad para penetrar en el ego humano, porque son incapaces de integrar los circuitos nerviosos y luminosos de los hombres y mujeres sin crear una difracción de su energía hacia el plano astral. Este fenómeno oculto es lo que crea formas falsas en el aura de los individuos. A medida que la conciencia de estas personas evoluciona y sus cuerpos se perfeccionan, estas falsas formas también se perfeccionan. Se vuelven más y más sutiles y matizados, de ahí la persistente dificultad de identificarlos y eliminarlos de su campo de conciencia. Con el tiempo, estas formas que contaminan su aura se cristalizan en la materia, de ahí una dificultad adicional para manejar: la naturaleza misma de la célula humana que se contamina con la falsa genética.

El aumento de la conciencia es un estado psíquico muy buscado por muchas personas que han experimentado muchas oposiciones y choques en sus vidas. Sin embargo, su conciencia no puede evolucionar al ritmo de sus deseos, sino que debe respetar su capacidad de absorber la realidad de lo que son en los altos planos de su ser. Este tiempo corresponde al período que sus cuerpos necesitan para transmutar sus memorias kármicas en memorias solares, estando estas últimas libres de cualquier velo que proyecte una sombra sobre su realidad prepersonal. Debe haber una verdadera transformación vibratoria y genética para que las fuerzas prepersonales puedan penetrar en el ego.

La capacidad del ser humano para trascender sus antiguos patrones de vida siempre corresponde a su disposición para reinventarse a sí mismo sin involucrar los antiguos recuerdos de la raza humana. Esto no es simple, ya que su bagaje de memoria le ha servido durante mucho tiempo como un salvavidas para mantener su equilibrio psicológico. No es fácil dejar atrás este viejo equilibrio y entrar en nuevas premisas que no son psicológicas sino psíquicas. La nueva configuración que se está imponiendo ya no ofrece seguridad subjetiva al ego, sino que le ofrece una plataforma para la comunicación continua con los seres que forman parte de la génesis de su vida. Se está imponiendo una nueva forma de gestionar la vida: una gestión psicológica que implica una relación de poder con lo Invisible sustituye una falsa relación con la forma.

Cualquier relación de poder entre egos y espíritus es deseable, pero esta relación siempre debe conducir a una mayor comprensión de lo Invisible y de las formas. Esto permite que los espíritus habiten gradualmente en la mente humana. Un posible encuentro entre el espíritu y el alma en la forma eventualmente se hace posible, abriendo así el ego a la realidad de quién es el otro. La energía de este encuentro debe ser capaz de penetrar en las células humanas para cambiar la vibración. Este paso primordial en la evolución de la conciencia humana elimina la ceguera inconsciente que el ego tiene hacia los demás. Por consiguiente, ya no puede imponer su realidad a los demás, porque comprende el papel oculto de cada persona. Sabe que nadie es más importante que él, pero también que nadie es menos importante que él. Todos contribuyen a una parte de la realidad que debe ser vivida en la Tierra como en el cosmos.

Este cambio vibratorio en las células humanas permite que la energía del Espíritu Universal penetre en el ego humano, tanto a nivel de su cuerpo como a nivel de sus átomos. Este paso es difícil para el individuo, ya que requiere que sea capaz de sostener la realidad de su universalidad de conciencia en su vida diaria en la Tierra. En otras palabras, el ego humano es llevado a experimentar y sentir el desorden de las fuerzas prepersonales que difícilmente logran poner fin a los humanos de la Tierra debido a su precaria y densificada genética.

El espíritu universal tiene un rango de acción muy grande en el plano supramental, pero es extremadamente limitado en su manifestación en el ser que no puede sostener la realidad de lo que es, universalmente hablando. La sinergia entre el yin y el yang del plano supremo es siempre perfecta, lo que raramente ocurre con el ego que habita en la Tierra. El ego tiene una tendencia natural a no ser capaz de percibirse a sí mismo como realmente es; es mucho más fácil para él limitar su campo de acción a lo que conoce que vivir en armonía con el aspecto universal de su conciencia.

El ser que ha integrado la universalidad de su conciencia, tanto a nivel del Espíritu Universal como a nivel del Alma Universal, tanto en su cuerpo como en sus átomos, sufre enormemente por la falta de información a la que está sometido el perímetro ampliado de la Tierra. El aspecto bestial y animal de la conciencia humana descendente le restringe en su capacidad de descanso, ya que no puede entrar en una continua fluidez de conciencia con los otros egos. Por lo tanto, a menudo se ve obligado a trabajar psíquicamente para no ser brutalizado por el magnetismo de las fuerzas descendentes que trabajan para mantener la ignorancia en la Tierra a través de esos egos incapaces de contener su luz. Por otra parte, este ser también sufre de cada ego no apto para habitarse realmente, porque accede a la energía prepersonal que los caracteriza y que no logra penetrar en ellos. En otras palabras, sufre la división creada por la difracción de la luz en otros.

Este individuo integrado sabe que cualquier vínculo con otro ego debe ser totalmente fluido y armónico. La ausencia de esta armonía absoluta entre dos egos impide que el ser universalizado en la conciencia disfrute de las infinitas bellezas de los demás en los planos inferiores de su conciencia. Alcanza la perfección del otro en los planos superiores de su realidad, pero debe vivir la expectativa de esta manifestación en la Tierra. La animalidad presente en el planeta debe ser aniquilada para dar paso a la belleza de la Inteligencia Creativa con uno mismo y con el otro. Esto significa que la luz prepersonal de cada persona debe dejar de ser difractada y que los recuerdos que conforman los cuerpos de los egos deben ser totalmente solarizados. A partir de entonces, la vida de los seres humanos ya no estará sujeta a las premisas del pasado, sino que apoyará una continua reestructuración atómica. Se puede experimentar una proximidad total entre los egos, que les permitirá entrar en la pulsación inherente a la realidad de la vida, en la magia ceremonial universal del cosmos.

* Las fuerzas prepersonales incluyen todos los seres y energías que forman parte de la realidad del hombre y la mujer en la Tierra. Son parte de la psique de todos.

— Sandra Vimont, 13 Diciembre 2017