Conciencia y forma

yin yang La conciencia no tiene forma como tal, pero debe tomar forma para tener una medida de sí misma. Es la continua retroalimentación entre la forma y la conciencia, una especie de diálogo permanente, que nos permite tomar conciencia de nosotros mismos en un plano u otro de nosotros mismos. En este sentido, cuando la conciencia se encarna en la densidad de la materia, el cuerpo se convierte en un espejo perfecto para el ego.

La conciencia y la forma, por lo tanto, siempre funcionan en una doble sinergia, sin importar el plano que se considere. La conciencia necesita la forma para ser consciente de sí misma; necesita un eco en la forma para conocerse a sí misma, pero también para expandirse. La realidad de la conciencia se manifiesta a través de la forma.

Identificamos la conciencia como "mente universal", "espíritu" y también "ego". La forma ha tomado el nombre de alma. El espíritu universal ha caído del plano supramental y se ha convertido en un espíritu; el espíritu oriental ha caído del plano supramental y se ha convertido en un ego que habita en los planos densos de la materia. Los cuerpos del ego se han vuelto más densos y el ser humano ha perdido el contacto con su realidad cósmica; el ego se ha alejado de sus orígenes solares para experimentar la densidad de la forma material. Hoy en día, el ser humano ha perdido la conciencia de quién es cósmicamente hablando y ya no tiene los cuerpos para vibrar en sintonía con los planos solares del cosmos.

La energía que se ha perdido o difractado durante el descenso de la conciencia cósmica a la materia hace que el ego se vea frenado en su capacidad de conocer realmente; por lo tanto, está continuamente mal informado. Cuando refleja las emanaciones de las energías difractadas, se ve obligado a creer en el pensamiento y a alimentar formas falsas. Su personalidad, por lo tanto, no corresponde a la realidad de sus orígenes cósmicos, sino a una energía que es incompleta en sí misma. Esto explica por qué los egos no se las arreglan para reunirse y llevarse bien; están desfasados y disociados de la realidad de su conciencia cósmica. Viven en la ilusión de los planos inferiores y en la impresión de división, un estado que se refleja en las formas que habitan y transmiten. A medida que la tasa vibratoria de la mente y el ego aumenta, sus cuerpos se elevan en vibración, de ahí ciertos cambios que ocurren en la forma en que habitan.

Un día la conciencia del ego tendrá que vibrar a la individualidad de la conciencia de su espíritu y también a la unidad de vida de su Espíritu Universal. La integración de una conciencia individualizada requiere cuerpos adaptados al fuego del espíritu, de ahí la creación de nuevas formas que reflejen la realidad cambiante de la propia conciencia. La integración de la energía de la unidad de vida del Espíritu Universal a través del ego requiere la perfecta unión de la conciencia y la forma en sus cuerpos, es decir, de su espíritu y alma en su chakra del corazón.

El cuerpo físico y los cuerpos sutiles del ego han evolucionado desde hace mucho tiempo para reflejar la evolución de la conciencia que se eleva en vibración. Cuando la individualidad de la conciencia del espíritu se integra en el ego, crea el cuerpo sutil que es el doble etérico. La energía supramental que integra el doble etérico crea entonces el cuerpo universal de la Pareja Cósmica. La conciencia siempre toma forma de acuerdo a su tasa vibratoria.

La Pareja Cósmica es parte de los orígenes de la vida de cada ego, pero también es parte de su devenir. En última instancia, el ego debe acceder a las memorias solares universales del plano supremo y habitar un cuerpo totalmente solarizado. Gradualmente, la conciencia del "yo" se fusionará con la del "nosotros", porque el ser accederá a la bola magistral del cosmos dentro de la cual cada componente es también el Todo, tanto en la conciencia como en la forma.

— Sandra Vimont, 9 Marzo 2018 (Gracias a Claire para la inspiración !)