La ley del espejo: ¿es el otro realmente nuestro espejo?

Loi du miroir El efecto espejo, o ley del espejo, nos dice que todo lo que vemos en los demás es sólo un reflejo de nosotros mismos... y esto se aplica tanto a lo bello como a lo menos bello. Implica que lo que no nos gusta de una persona existe dentro de nosotros.

Afirmar el hecho de que un ego externo a uno mismo es siempre su espejo es negar nuestra individualidad de conciencia. Esto pone en cortocircuito nuestra capacidad de experimentar una sana ira contra la dominación oculta de una entidad que pasa a través de otros para vampirizarnos. Saca al ego de sus sentimientos y su capacidad de discernimiento inteligente, y lo dirige directamente a la duda y la culpa. Si el efecto espejo fuera una ley verdadera y universal en lugar de una creencia, sólo se necesitaría una persona astralizada en la Tierra para que toda la población se astralizara. El pervertido narcísta ganaría entonces su apuesta y continuaría sus estragos vampíricos trasladando la culpa a su víctima, que sería entonces, por efecto espejo, acusada de manipulación. Nadie es el espejo perfecto del otro, porque cada uno vive en su propio tiempo, el tiempo de integración de su propia conciencia. Cada ego planetario tiene sus propias premisas para integrarse con el fin de salir de sus mecanismos de escape psicológico, que son apoyados por varias entidades. Cada uno tiene sus propios desafíos.

Es más juicioso decir que cada ego sufre, o experimenta los efectos de su desgarro preencarnado, hasta que se ha fusionado con su Espíritu Universal. Y a partir de entonces, su sufrimiento cambiará su eje, para convertirse en el vector de su expansión de conciencia en otro multiverso, más allá de cualquier noción de karma. Tan brevemente, es mejor decir que todos sufren, en lugar de apropiarse de una falsa creencia ligada a un efecto espejo.

En lugar de hablar de un efecto espejo, una forma más matizada de definir la relación de nuestro ego con los demás es decir que el otro nos permite tener una mayor medida de lo que somos. En otras palabras, las interacciones con los demás se convierten en oportunidades para estudiar la vida, para estudiar la psique humana, para estudiarnos a nosotros mismos, para conocernos interiormente. Por ejemplo, el otro, a través de su reacción física o verbal, puede informarnos sobre cómo recibe nuestra palabra. Podemos entonces hacer un estudio de nosotros mismos para saber si nuestra palabra es adecuada y matizada, o si necesita ser ajustada. Sin duda, si la otra persona nos rechaza, nos llama egoístas, orgullosos o desalmados, tenemos una oportunidad de oro para estudiar lo que está pasando. Es decir, nos conviene tenerlo en cuenta, es decir, estudiar la situación para posicionarnos en nuestro ego con lucidez y sin mentirnos a nosotros mismos.

Por supuesto, la palabra o la acción del otro puede ser fruto de su propia lesión, independientemente de nuestro ego o nuestras acciones. En este caso, este individuo es víctima de su malentendido. De su interpretación. De su necesidad de ser grande frente a la vida, porque se siente pequeño. De su necesidad de encontrar un culpable ante su sufrimiento que se ha vuelto insoportable. En otras palabras, hace todo lo posible para evitar tener que cruzar el desierto de su sufrimiento interior. Si nuestro ego es testigo de esta situación, tiene interés en poder identificar sus contornos y revelar las interferencias oscuras que interfieren en la comunicación. Además, aunque quiera responder psicológicamente a la persona que está siendo manipulada en su cabeza, lo ideal es que se mantenga en una posición de compasión hacia el otro que está experimentando alguna forma de interferencia, superposición o posesión. Al hacerlo, permanece centrado, pero también permanece en su sensibilidad para reconocer el sufrimiento del otro. A veces puede sentir el bloqueo, la inseguridad o la desesperación del otro en su propio cuerpo. No debe apropiarse de esta carga, sino percibirla como información que recibe. Entonces se mantiene sólidamente posicionado en su identidad, y su clara visión asegura que no sea tocado por las entidades presentes. Finalmente, cuando sea posible, intentará encontrar un punto de encuentro con el otro. Pero otras veces, sabrá que debe dejarse llevar, porque las entidades que violan la psique del otro nunca le permitirán tener paz.

Sin duda, la teoría del efecto espejo es una hermosa forma de sofocar o negar la necesidad del ego de conocerse a sí mismo en su identidad, y también una hermosa forma de crear sombras frente a lo que conoce y siente en su interior. Pasemos la página de una psicología obsoleta y entremos en la realidad de la vida.

— Sandra Vimont, 17 Abril 2020